Último momento.

Hay  muchas razones por las que una persona o dos personas  emprenden un viaje. Sea cual sea esa razón, los viajes nunca son fragmentos aislados en el espacio tiempo, los viajes forman parte de la misma línea temporal en la vida de una persona en la que se encuentran el trabajo, el estudio, los amigos, la familia, y todas esas situaciones, buenas y malas. Eso significa que por más pequeño que sea un viaje, deje una enseñanza o no (o CREAS que no) también es parte de la vida, ni más ni menos, fuera de la magia que puedan ponerle o sacarle.

 

Si algo tiene la vida de poético, es que es impredecible tanto para las alegrías como para las otras. Y como los viajes son parte de la misma, no quedan exentos de momentos inolvidables  por el sentimiento que sea que hayan provocado.

Es cierto que de las peores situaciones se aprende, pero a veces no, y a veces se aprende de las buenas también (básicamente, se aprende de cada situación); y es por eso que tenemos que permitirnos comprender que estos fragmentos de vida pueden darnos un tour bien variado incluso en lo que tardamos en llegar de la carpa a la playa.

seres-reales-ultimo-momento-2Si algo me gusta pensar, es que nunca se va de mal a peor ni de bien a mejor, solo de bien a mal y viceversa. Lo que me hace creer que no hay que perder definitivamente la calma cuando las cosas están mal, sino más bien estar atento cuando las cosas están absolutamente bien. ¿Qué gano pensando esto?

Cuando todo está yendo sobre rieles, trato de tener presente que no siempre va a ser así, de eso no se trata un viaje. Siempre existe la posibilidad de que aparezca un cambio de planes repentino, ya sea un problema o un simple cambio de ruta, y eso es un hecho.

Cuando la vida nos pone adelante una situación muy difícil de manejar o una prueba complicada, debemos tratar  de no perder la calma, desesperar es muy efectivo para pasar a ser nuestro propio problema.

Y cuando todo está yendo mal, o se presenta un inconveniente, hay que pensar en que cada situación tiene una salida y que el próximo paso es, indefectiblemente, estar bien. Esto nos da otra actitud frente al problema, lejos de no darle importancia, hay que pensar que es muy poco factible que sea algo totalmente permanente y dañino  en nuestra vida el hecho de perder un bus, romper una cámara, no encontrar alojamiento una noche en un hostal, que te cobren más caro un camping, etc.

En el momento en que inicia un problema, siempre va a parecer lo peor del viaje, pero en esa postura sólo ganamos desesperar, y hay que tener presente que muchos “problemas” de viaje suelen ser lo más común que le puede pasar a un viajero.

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Hoy, aquí, en esta nota, les traemos una realidad de viaje. Y es totalmente empírico, ya que así se viene dando en nuestro caso en lo casi 10 meses que llevamos de viaje: Los problemas se suelen solucionar mágicamente a último minuto.

Desde conseguir un trabajo hasta que se libere un vuelo, que alguien nos levante en la caja de una camioneta después de sentarnos al costado de la ruta fatigados, que nos den alojamiento ya llegada la noche, etc. Lo importante es creer que eso puede pasar y que para cada problema hay una contra parte positiva.

Estando en Lima, a unos días de emprender viaje a Ecuador, se nos rompió la computadora. Cuando la llevamos a un técnico nos dijo que era la batería. Una semana entera tardaron en hacer el trabajo, mientras nosotros pasamos unos días de muy mala onda sin saber si se iba a poder arreglar o no, pensando en que no pudimos salir cuando queríamos, el retraso de una semana, el dinero que nos saldría la reparación. Una noche en Los Órganos (norte de Perú), el día anterior a cruzar definitivamente a Ecuador, todo se movió. El suelo tembló y nos asustamos bastante, minutos después me llega un mensaje de una conocida avisándonos del terremoto. En Ecuador había habido un terremoto increíble que causó un terrible desastre y tan fuerte fue, que el temblor se sintió hasta el norte de Perú.

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Si no se hubiera roto la computadora, el terremoto nos habría agarrado en Ecuador, y la historia podría haber sido muy distinta. Caer en eso fue quedarse sin palabras, teníamos que agradecer por los pasados problemas aceptando que gracias a ellos no estábamos en uno peor en ese mismo momento.

Podemos charlar varios días recordando cuántos ejemplos tenemos de situaciones similares que no son solo buena suerte. Un pequeño problema de viaje puede ser una puerta que se cierra a otro peor en el futuro, y no hay que dejar que nos arruinen el viaje.

Los problemas existen tanto aquí como en nuestro país, en nuestras casas,  y no por eso vamos a vivir una vida desesperados.

Siempre va a haber situaciones sin solución, y cuando caigamos en una, ahí vamos a sentirnos tontos, tontos por habernos pasado tanto estrés en situaciones problemáticas mil veces más simples.

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