Desencanto en Huaccachina

Llegamos a este lugar recomendado por muchos. Sin primeras intenciones de ir decidimos desviarnos un poco más de nuestra ruta y destinamos un día en el “Oasis de América”. Las fotos nos mostraban agua prístina, dunas sedosas, un lugar que sin dudas no podríamos dejar de conocer. Para llegar salimos temprano de Paracas hacia Ica en bus. Luego tomamos un mototaxi hasta el lugar. El recorrido es una ruta sinuosa entre dunas que genera mucha expectativa. En un tiempo muy breve llegamos al oasis y ahí estábamos: parados en el medio del desierto recibiendo ofertas de alojamiento, comida y tours variados. Frente a esa situación decidimos dar un primer vistazo al oasis, que en definitiva a eso íbamos.

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Les voy a ser franca, Huaccachina debería ser “un oasis en el desierto”. Un lugar el cual inspire refrescarte, que mojarte la cara en sus aguas te renueve, te cambie en algún punto… Añoro esos tiempos que no llegamos a vivir. En aquellos que llegar a un lugar como este sea todo un hallazgo, algo inexplicable y distinto a lo cotidiano.huacachina (9) Nos tocó vivir en un tiempo donde vale más “explotar al máximo” un oasis, ofreciendo desayunos americanos, música fuerte y areneros que hacen mucho ruido para mostrarnos “mucho más del lugar”. Nos tocó vivir en un tiempo, dónde no hay tiempo. La vida sucede con prisa y no nos deja detenernos a mirar, a escuchar a oler. Si uno logra desaparecer en su mente todo tipo de espectáculo, Huaccachina es una zona más que increíble, más que bella por naturaleza. Donde nada había para explotar porque su sencillez lo daba todo, se imponía frente a tanta arena alrededor.

 

Si desean visitarlo, espero no haber provocado rechazo sino reflexión. Les escribo algunos consejos para evitar el desencanto:

  • No es estrictamente necesario pasar la noche ahí, pasando el día generamos menos impacto y nos llevamos igualmente buenos recuerdos.
  • No buscar lo mismo que en la ciudad. Un oasis es un lugar lindo por naturaleza.

Descubrimos que bajo esos barquitos plásticos de colores chillones y esas bolsas flotando, todavía existen un oasis y su leyenda.

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Bajo esos carros para 10 pasajeros que acuchillan el paisaje centenares de veces por día y la multitud de personas que ofrecen exprimir más y más el lugar a cambio de algunos soles, todavía existen unas dunas alquimistas que pasan de arena a oro en una puesta de sol. Detrás de esa música popular estridente y trasnochadora descubrimos, simplemente alejándonos un poquito de los parlantes de los restaurantes, que aún está lleno de aves vergonzosas entre hoja y hoja de palmera. Descubrimos un oasis ya descubierto y sepultado de nuevo.

No dejen de visitarlo, pero con la humildad del viajero que busca maravillarse con lo que la naturaleza ofrece, y no con lo que el hombre dice que puede hacer con la naturaleza.

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ManuNueva imagen de mapa de bits (2)

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